Moscas en Galicia. Moscas en Galicia al lado del mar. Muchas. Todo el rato. Más que nunca.
Es un detalle, algo pequeño y molesto sin más, pero nos sorprendió mucho este verano. Hasta que una noche nos vimos durmiendo encima de la cama, sin sábana ni nada y con las ventanas abiertas… en Galicia...! en la costa…! al ladito del mar. Y no fue sólo una noche, fueron varias.
Este verano, otra vez, nos ha sorprendido una ola de calor hasta hace poco insólita en esas latitudes. Ya ha ocurrido alguno de los anteriores también. Pero este hemos sudado como nunca. Con una humedad que ronda el 80%, en cuanto el termómetro llega a los 30 grados la sensación de calor es asfixiante. Las moscas lo sabrán bien, también, porque lo han sufrido. Y van en el pack, supongo. Más calor, más humedad, más moscas.
¿Y nuestra brisa
marina atlántica dónde está?
Estuvo muchos días, y muchas noches, pero esas olas de calor
bestial que antes eran algo impensable en el norte (“mami, dormimos como en
Madrid!”) cada vez son más largas, cada vez vienen más y duran más. Si esto
sigue así, y cada año parece más claro que sí, las “noches de mantita en los
veranos del norte” tienen los días contados.
Ojalá las moscas fueran el problema. Ojalá fueran sólo una anécdota…
Seguramente vienen en el pack del nuevo clima. Como los
mosquitos, que este verano nos han breado más que nunca, ¿no lo habéis notado?...
Y ojalá sólo fuera eso. Pero esto es como los juegos de niños esos de “une la
línea de puntos”: si cogemos un boli y vamos uniendo los puntos, acabamos viendo
la imagen entera. Y en este caso, el dibujo no es muy bonito.
Igual se trata de eso, de abrir foco y no quedarnos sólo
en la mosca… Si hay más moscas, y más mosquitos, si este verano el agua de la playa
no estaba fría, si varios días hemos dormido en Galicia como en Madrid, sudando
encima de la cama con las ventanas abiertas, si cada verano llega más gente al
norte huyendo del sur… o de Levante! Si ocurre todo eso (y muchas más cosas) a la vez, puede
que todo sea parte del mismo dibujo. Si unimos los puntos, lo veremos entero.
Otra cosa es que queramos verlo.
Pero si lo vemos, al menos podremos ver que no nos gusta, y
podremos hacer algo al respecto. Si, en cambio, metemos la cabeza debajo del
ala (como para que el dibujo no nos vea a nosotros, más bien), o miramos para
otro lado, o ni siquiera unimos los puntos… entonces no veremos nada y seguiremos
corriendo como pollo sin cabeza en esta carrera frenética a ninguna parte.
Hay que unir los puntos de una vez. Y abrir foco. Y ver el
dibujo entero de lo que está pasando. Pero sin tomar distancia y mirar (mirarnos) de lejos, no seremos capaces de verlo. Y no está fácil. Porque el mundo en que vivimos
no fomenta eso: parar, tomar distancia, abrir foco, mirar de lejos y con calma,
ver el cuadro entero.
Poner contexto a los detalles.
Porque el clima está cambiando, sí, a una escala que nos resulta enorme y se nos hace inconcebible. Pero los efectos de ese cambio climático son de todos los tamaños: algunos tan grandes como un huracán devastador… otros tan pequeños como las moscas y mosquitos de este verano.
Todos tienen una cosa
en común: un planeta que se calienta sin parar, a un ritmo cada vez más rápido.
Un calentamiento cuyos efectos aumentan de manera exponencial, no lineal.
Así que sí, hay más moscas en Galicia, frente al mar. Y
puede que en unos años, donde este verano había moscas, veamos entrar huracanes…
De hecho, Galicia ya estuvo en el radar del Centro Nacional de
Huracanes (NHC) de EE.UU. este verano. Luego quedó en un susto, pero verlo en sus mapas y en sus avisos fue bastante
insólito.
Yo lo pregunto desde hace años, como periodista y como
gallega: ¿veremos huracanes entrando por Galicia en unos años? Ningún
meteorólogo me ha dicho que no.
Ojala las moscas fueran sólo una anécdota de este verano...
*** En 1988 hubo unos tipos (gallegos, claro) que ya atisbaron nuestro final. Lo vieron cerca y decidieron hacer este temazo. No se me ocurre ninguno mejor para cerrar este post.